El seminario "Cristianismo y cultura contemporánea" organizado por el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE), de la Universidad de Navarra, nació con el objetivo de ofrecer un instrumento de reflexión, desde una óptica interdisciplinar, sobre las relaciones entre el cristianismo y las manifestaciones culturales de nuestro tiempo. Asumir desde la fe los retos del debate cultural de nuestro tiempo, constituye en la actualidad una tarea urgente. Los problemas de la bioética, la cuestión ecológica, la ética profesional, la doctrina social, el papel de la mujer, etc.; son algunos de los temas que están presentes en la sociedad contemporánea y que están exigiendo una respuesta cristiana, que es tanto como decir una respuesta humana. Con independencia de la autonomía de los distintos saberes, la cultura contemporánea exige un constante esfuerzo de síntesis de los conocimientos y de integración de los saberes. Desde luego, a la especialización de la investigación se deben los éxitos que comprobamos. Pero, si esa especialización no se halla equilibrada por una reflexión atenta a descubrir la articulación de los saberes, se corre el gran riesgo de desembocar en una cultura fragmentada, que sería de hecho la negación de la verdadera cultura, pues ésta no se concibe sin una clara comprensión del hombre. El escenario donde se debaten los temas citados es el antropológico: ahí está la clave de las incomprensiones y enfrentamientos y, por supuesto, la clave del progreso hacia relaciones más positivas. De ahí también, que estos Encuentros estén orientados hacia la profundización en la concepción del hombre. Los Encuentros del curso 1994-95 se desarrollaron bajo el título general de Capitalismo y cultura cristiana, al objeto de analizar, a la luz de la libre creatividad del hombre y el respeto a su dignidad personal, las ventajas e inconvenientes del sistema que, después del fracaso del socialismo real, parece ser el vencedor en la tarea de organizar la economía y la convivencia social. Las sesiones tuvieron lugar en el Campus que el IESE tiene en Madrid, a razón, aproximadamente, de una sesión por mes, y a cada una de ellas asistieron entre 40 y 50 personas procedentes de distintas disciplinas científicas y ámbitos culturales. Cada encuentro abordó un tema específico que fue desarrollado por dos ponentes, y cada uno expuso su punto de vista, durante una media hora aproximadamente. Luego tuvo lugar el diálogo entre los propios ponentes y de éstos con los asistentes a la sesión. En todos los casos tuve el honor y el placer de actuar como presentador de los ponentes y moderador del coloquio. En el presente volumen, editado por el Instituto de Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra, se recogen los textos de las ponencias tal como fueron pronunciadas por sus autores. Como fácilmente se puede comprobar, en bastantes casos, las posturas de los conferenciantes, respecto del tema a tratar, resultan más o menos discrepantes, cuando no enfrentadas, ya que el propósito inicial al escoger los ponentes fue suscitar un debate enriquecedor. En otros casos, hay más coincidencia. De todas formas, en relación con el título general de los encuentros del Curso Capitalismo y cultura cristiana, pienso que en este libro se hallan abundantes enfoques que, a su vez, son lo suficientemente diversificados para permitir que el lector pueda sacar sus conclusiones sobre un tema que constituye objeto de frecuente discusión tanto en los ámbitos académicos como en los empresariales: a saber, si el sistema de organización económica que llamamos capitalismo es compatible con los principios morales del cristianismo. A mi juicio, de las diversas opiniones expuestas en las nueve sesiones que integraron los encuentros interdisciplinares en el curso 1994-1995, cabe concluir que, si por capitalismo se entiende ni más ni menos que un sistema en el que la cooperación social para el logro del bienestar común se supone que se produce de forma espontánea, utilizando un modelo basado en la propiedad privada, incluso de los bienes de producción; que utiliza el mecanismo de los precios como el instrumento óptimo para la eficiente asignación de recursos; y en el que todas las personas libremente responsables de su futuro, pueden decidir las actividades que desean emprender, asumiendo el riesgo del fracaso a cambio de la expectativa de poder disfrutar del beneficio si éste se produce, nada hay ni en la fe ni en la moral cristiana que se oponga a que los cristianos, en uso de la legítima autonomía de lo temporal, escojan este modelo, si consideran que es el que mejor conduce a los fines del bienestar. No obstante, a la vista de los fallos morales, denunciados por algunos de los ponentes de estos encuentros, y que, efectivamente, se detectan en las sociedades contemporáneas en las que imperan modelos de organización más o menos capitalistas, conviene añadir que el capitalismo no se desarrolla en el vacío, sino que vive en el entorno constituido por un determinado sistema ético-cultural y un concreto sistema político-jurisdiccional que, respectivamente, motiva y enmarca la actuación de los agentes del sistema económico. Y son estos dos sistemas los responsables de los fallos mencionados, ya que, como dice el Papa Juan Pablo II, en la encíclica Centesimus annus, estas críticas van dirigidas no tanto contra un sistema económico, cuanto contra un sistema ético-cultural. En efecto, según sean los valores que informen el sistema ético-cultural y el sistema político-jurisdiccional, serán éticamente aceptables o no los resultados que las invariables leyes económicas producirán. Por ello, fuera de una moral basada en las normas objetivas, universales y constantes de la ley natural no hay manera de garantizar un funcionamiento ético del sistema económico. Sin embargo, todo hombre de buena voluntad oye resonar dentro de sí mismo los principios de esta ley natural que, para los católicos, explicita y, sin contradecirla, completa la moral de la Iglesia. Por lo tanto, si el cristianismo, unión indisoluble entre fe y moral, impregnara los sistemas cultural e institucional que enmarcan el capitalismo, si las personas que sin ser cristianas se comportaran de acuerdo con la ley natural, los resultados del sistema, en mi opinión, y respetando siempre a los que sostienen legítimas opiniones contrarias, serían, tanto económica como moralmente, los mejores que cabe esperar en esta tierra, Agradezco a los ponentes el haber aceptado la invitación que les hicimos para participar, en algunos casos viniendo de lejos, en estos encuentros; el esfuerzo que hicieron para preparar y posteriormente corregir sus textos; así como la amabilidad y el acierto con que contestaron a las preguntas de los asistentes, a los que agradezco también su participación y el interés que demostraron a lo largo de las sesiones que integraron el curso. Deseo, finalmente, que los textos aquí recogidos sirvan no
sólo de recuerdo de los eventos en que fueron pronunciados,
sino sobre todo de material de consulta para todos aquellos a los
que interesa la integración de los saberes en una verdadera
cultura, teniendo en cuenta que, como aludía al principio,
es precisamente la cultura cristiana la que, partiendo de la verdad
sobre el hombre, mejor puede ayudar a resolver los problemas que inquietan
a nuestra sociedad contemporánea. |
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© 1998-1999. Rafael Termes |