Prólogo de Rafael Termes para

Competitividad internacional y estrategia de la empresa
de Jordi Canals Margalef

Editorial Ariel
Barcelona, 1991


Durante los últimos meses, una buena parte del debate económico español se ha centrado en torno a la cuestión de la competitividad internacional de España en el entorno comunitario. La creación del mercado único de 1992, cuyos efectos se dejan sentir cada vez con mayor intensidad en nuestras empresas, está poniendo de manifiesto la vulnerabilidad de ciertos sectores económicos, así como las deficiencias estructurales de nuestra economía en relación a la de los socios comunitarios.

Ante esta situación, el Gobierno y los agentes económicos y sociales hablan de pactos de competitividad entre las partes afectadas, o de planes públicos de emergencia para salvar a ciertos sectores de la avalancha de productos comunitarios que se les viene encima con el progresivo desmantelamiento arancelario. No faltan voces, por otra parte, que solicitan cambios en la política cambiaria de forma que una menor apreciación de la peseta mejore la relación real de intercambio de nuestro país frente a la CEE o, en general, frente a los países desarrollados, aunque esta relación dependa no sólo del tipo de cambio nominal sino de los índices de precios relativos. Otros, de acuerdo con la inveterada tradición de pedir al Estado la solución de todos los problemas, propugnan la intervención del Gobierno para resolver la falta de competitividad de determinadas actividades, mediante ayudas financieras para proyectos que, aparentemente, tienen un cierto interés nacional.

Es evidente que estos enfoques no siempre vienen acompañador del rigor científico necesario para que la discusión sobre la competitividad internacional de las empresas españolas pueda conducir a la adopción de decisiones adecuadas al objetivo que se persigue. El libro del profesor Jordi Canals, que me honro en prologar, viene a cubrir parte de este vacío. Lo cual no quiere decir que éste sea su único mérito, ya que, al margen de su oportunidad coyuntural, el trabajo aporta un mensaje que ayuda a entender el fenómeno permanente de la competitividad empresarial, sugiriendo las maneras de abordar con éxito los retos que la internacionalización de la economía y la globalización de los mercados provocan.

En efecto, el libro Competitividad internacional y estrategia de la empresa que el lector tiene entre sus manos presenta, de modo riguroso, unas cuantas tesis fundamentales apoyadas en el mundo real que, en mi opinión, merecen ser destacadas. La primera tesis es que la competitividad internacional de los países está ligada, principalmente, a tres tipos de factores. Por un lado, están los factores relacionados con el país (como son el coste de los factores productivos, cualificación de los trabajadores, política económica, nivel de infraestructura, cultura del país, etc.). Por otro lado, cuentan los factores relacionados con el sector (entre otros, nivel de rivalidad entre las empresas y cooperación con proveedores y clientes). Finalmente, no pueden olvidarse los factores relacionados con la propia empresa (es decir, el posicionamiento en el mercado, la capacidad de desarrollo de nuevos productos, los procesos internos, la organización, etc.). Por consiguiente, la competitividad internacional no es una cuestión unidimensional, sino que en su configuración intervienen causas muy diversas, lo que hace que su logro al nivel deseable no sea cosa sencilla. La primera tesis aportada por Canals es, pues, importante, ya que en algunos estudios anteriores sobre la cuestión se había puesto el acento, en forma exclusiva o excesiva, sobre el papel que el país o los gobiernos desempeñan en materia de competitividad internacional. En este libro se propone un modelo conceptual más amplio y comprensivo que intenta explicar, en sus diversas vertientes, una realidad económica ciertamente compleja.

La segunda tesis del libro que conviene destacar y que, en cierto modo, completa la anterior, es que el papel de los gobiernos para mejorar la competitividad internacional de las empresas es limitada. Y lo es por dos razones. En primer lugar, aunque este aspecto no sea el más importante, por motivos de tipo legal, ya que en la Comisión de la CEE las ayudas públicas a empresas y sectores específicos están mal vistas y desde la Dirección General de Defensa de la Competencia se las vigila estrechamente. La segunda razón, más profunda, es que la eficacia de este tipo de acciones es limitada, cuando no perversa. El autor expone numerosos casos reales en los que las actuaciones gubernamentales no sólo han sido ineficaces para la ganancia de competitividad, en forma estable, de las empresas o sectores protegidos, sino que, además, estas actuaciones oficiales han dañado a otros sectores no beneficiados de la generosidad de los gobiernos.

Esta tesis es congruente con el enfoque liberal de la economía política. El Estado no debe interferir directamemte en la economía; son los agentes sociales los que libremente deben tomar sus decisiones, de forma que las empresas, optando por una u otra alternativa de acción, cosechen el fruto de los aciertos o tengan que asumir las consecuencias desfavorables de los errores. El papel del Estado es subsidiario: lo cual no quiere decir menos importante, ya que a él le compete la responsabilidad de mantener un entorno social, político y económico estable como la condición sine qua non para un desarrollo fértil de las empresas. Es también función del Estado garantizar el libre funcionamiento del sistema financiero para que se produzca la eficiente asignación de los recursos escasos a las actividades económicamente más deseables; como también lo es diseñar un sistema fiscal y tributario que no dañe al ahorro y fomente la inversión, o crear las condiciones adecuadas para que, no sólo mediante la provisión pública sino también -y tal vez más eficazmente- gracias a la producción privada, se logre un adecuado nivel de infraestructuras. A este respecto, el libro que comentamos ofrece algunos ejemplos útiles para confirmar la teoría que acabo de esbozar.

La tercera tesis básica del trabajo de Canals, que deriva directamente de las dos anteriores, es que, en el fenómeno de la competitividad internacional, lo decisivo es el papel de las empresas. Como se expone a lo largo del libro, son las empresas las que crean productos, innovan, invierten, penetran en otros mercados, sirven a clientes, etc. Es decir, la dirección de las empresas y, en particular, la dirección del proceso de internacionalización desempeña un cometido esencial a la hora de competir más allá de las propias fronteras. En este sentido, los capítulos que van del 6 al 11 constituyen un manual de los aspectos críticos de las estrategias competitivas para empresas internacionales, incluyendo temas como la decisión de entrar en otros países, la centralización o descentralización de actividades, la elección de estrategias genéricas, el diseño de la organización o la formulación del proceso de internacionalización.

El enfoque que Jordi Canals adopta, y que se trasluce en las tesis comentadas, no es sólo producto de una reflexión intelectual, en mi opinión, acertada, sino que es también resultado del estudio exhaustivo que el autor ha realizado sobre un buen número de empresas internacionales, de distintos países, que ha tenido una actuación destacada en los mercados internacionales en los últimos veinte años. Es significativo el esfuerzo del profesor Canals para explicar, con las aportaciones científicas más recientes en los campos de la Economía Industrial y de la Estrategia Empresarial, algunos de los fenómenos observados a lo largo de su investigación. El autor sigue así una tradición muy característica del IESE, basada en la conexión de la doctrina con la vida real -resultado eminente del método del caso empleado en el Instituto- así como en la utilización de aquellos modelos conceptuales que puedan ayudar a comprender los hechos.

La combinación de los distintos aspectos que, en estos breves comentarios, he intentado poner de manifiesto, me permite afirmar, para concluir, que el libro, por su rigor, será de interés para los académicos, pero su lectura -que, por otra parte, resulta atractiva y hasta amena, gracias a la acertada descripción de situaciones concretas, con nombres y apellidos- será enriquecedora para muchos directivos que se plantean cómo mejorar la posición competitiva de sus empresas en los mercados internacionales.


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