| ENTREVISTA A D.
RAFAEL TERMES REVISTA FUTURO Nº 183 Noviembre 2002 Pregunta. ¿Qué le parece el código de buen gobierno societario y que se implante de forma obligatoria? Respuesta. Después de todas las irregularidades financieras que, en los últimos años, se han producido y de los escándalos provocados por directivos que se han lucrado por caminos torcidos, al tiempo que el desplome de las cotizaciones de las empresas que regentaban ha arruinado a los accionistas, me parece natural que los políticos y una gran parte de la opinión pública clamen por la implantación de códigos de buen gobierno corporativo. Por mi parte, pienso que estos códigos, como sus antecesores, los códigos de comportamiento ético, pueden ser, a lo sumo, una ayuda, pero no son la solución de los problemas que, lógicamente, nos preocupan. Es más, pueden empeorar la situación si dan pie a que la gente se preocupe más de no ser cogido en incumplimiento de las normas que de comportarse éticamente. Con lo que acabo de decir, ya he aludido a lo que en mi juicio es la verdadera y única solución: que las personas se comporten de acuerdo con los valores éticos, tanto en su vida profesional como en su vida privada. Porque el que no se comporta correctamente en su vida privada o familiar, acaba comportándose incorrectamente en su actuación empresarial. En el comportamiento, por ejemplo, de los que llevaron a Enron a la quiebra hay muchos episodios de depravación moral, incluidas orgías organizadas por la cúpula, a las que eran invitados ejecutivos de escalones inferiores. P. Los últimos años han sacralizado la creación de valor para el accionista pero ¿a qué plazo? ¿cabe otro principio rector? R. La teoría según la cual el objetivo de la empresa es la creación de valor para el accionista es falsa, aunque ahora no tenga espacio para demostrarlo como lo he hecho en mi Manual de Finanzas. Pero, además, es perjudicial para la empresa en la medida que induce a los directivos a lograr el crecimiento de la cotización de la acción por medios ilícitos. En pura teoría económica el valor de mercado de la acción, dejando aparte las perturbaciones del mercado bursátil, no puede ser otro que el valor actual de los beneficios esperados para los accionistas, a lo largo de un período razonablemente dilatado, descontados al coste del capital de riesgo que es la rentabilidad que esperan obtener los accionistas, de acuerdo con la naturaleza de la empresa de que se trate. P. En la era de la comunicación y las nuevas tecnologías ¿tienen sentido las juntas de accionistas tal cual están planteadas? R. Con independencia del avance de la tecnología, que apoya mi punto de vista, pienso que la Junta General de Accionistas, que ha de ser el instrumento último de control de la gestión, ha de empezar con la publicación a fines de enero de la información financiera y de gestión, verídica, detallada, completa y accesible a todos los accionistas, referida al ejercicio cerrado el 31 de diciembre. A partir de ese momento, debe quedar abierto un período durante el cual el que lo desee pueda formular toda clase de preguntas sobre los datos publicados en el informe difundido, o sobre cualquier otro aspecto, para, terminado el período hacia finales de junio, los accionistas puedan, con conocimiento de causa, votar sí o no o abstenerse, sobre todas las propuestas sometidas por el Consejo de Administración y contenidas en un documento enviado con antelación suficiente para que pueda ser devuelto antes de que, de acuerdo con la legislación actual, se celebre en el día señalado en la convocatoria, la Junta formal en la que, recontados los votos, se aprueben, si procede, las propuestas del Consejo. A mi juicio, hoy, las Juntas Generales masivas, con discursos altisonantes, preguntas más políticas que técnicas y respuestas ex-abrupto, no tienen sentido. P. A la luz de la experiencia ¿cree que las fusiones bancarias han demostrado sus ventajas?. R. Los datos que tengo es que una gran mayoría de ellas no han logrado los objetivos que decían perseguir. Ni se han realizado las economías de escala ni las sinergias proclamadas han tenido lugar. Algunas desde luego han tenido éxito, pero ha sido después de un largo período, durante el cual la dicotomía “ellos” y “nosotros” ha creado muchos problemas, ha minado la moral de la organización y ha hecho que sólo al final de este proceso se recuperaran las ratios que tenían las fusionadas antes de emprender la fusión. P. De momento parece que los bancos aguantan sin excesivos problemas la actual coyuntura ¿tienen fuelle para rato? R. Depende. Siempre dije que “la banca” no existe. Hay bancos y bancos. Y hay estrategias y estrategias, aunque de antiguo se ha advertido que son mayoría los que andan de consuno y sólo unos pocos prefieren equivocarse, o acertar, solos. En la actual coyuntura, los que toman participaciones accionarias e invierten en mercados de amplios márgenes -y consiguientemente, más riesgo- lo pasarán peor que aquellos que se limitan al negocio tradicional en el ámbito doméstico. P. En su opinión ¿hay o no hay burbuja inmobiliaria? R. Lo que hay es un absurdo tratamiento del suelo que determina un crecimiento a todas luces desproporcionado del coste de la vivienda. Mientras la financiación de Autonomías y, sobre todo, de los Ayuntamientos, dependa de la manipulación del suelo, no se resolverá el problema del precio de la vivienda. P. Pese a la feroz competencia las cajas mantienen la mitad del mercado y no han dado problemas serios ¿tiene sentido modificar su estatus? R. En mi opinión sí tiene sentido modificar el estatuto de las Cajas para despolitizarlas. No es conforme al mercado que la mitad del sistema bancario español no tenga propietario. Y tampoco respeta las reglas de la libre competencia que las Cajas puedan comprar Bancos, adquiriendo paquetes dominantes de sus acciones y los Bancos no puedan hacer lo mismo con las Cajas, al no tener éstas títulos de propiedad. P. Se habla y no se para de la necesidad de reformas estructurales en la economía, ¿por dónde empezamos? R. Una primera necesidad es la, ya citada, que afecta al suelo. Otra es la reforma, de verdad, del mercado de trabajo, donde el Gobierno acaba de hacer el ridículo, retrocediendo en lo que era un no demasiado audaz paso adelante. En este campo es ineludible modificar de raíz el modelo de convenios colectivos. Otra es la total liberalización de servicios todavía total o parcialmente intervenidos: energía, comunicaciones, comercio al por menor y todos aquellos sectores en los que se advierten mayores tasas de inflación por falta precisamente de competencia. P.¿Cabría en un proceso prolongado de desaceleración replantearse el objetivo de déficit cero? R. Nunca la solución de los procesos de desaceleración de la economía ha sido el aumento del gasto público. La peor amenaza a la recuperación del ritmo de crecimiento de la economía española es la inflación que -parece que todo el mundo se olvida de ello- es el doble de la media comunitaria. Perdida la soberanía monetaria, primera arma contra la inflación, a consecuencia de nuestra entrada en la zona euro -que tiene sus ventajas- la única manera de compensar la política monetaria excesivamente expansiva que practica el Banco Central Europeo, es una política fiscal estricta. Ello supone propugnar y lograr el “déficit cero” y, todavía mejor, el superávit presupuestario, pero no vía aumento de los impuestos, que frena la actividad económica, sino vía reducción del gasto, sobre todo, el consuntivo.
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