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ENTREVISTA 1.- Sus padres, Rafael y Adelaida, ¿qué tipo de educación le transmitieron? ¿Qué recuerdos tiene de su Colegio de los PP. Jesuitas de Sarriá? ¿En qué aspectos le marcó más esta etapa para su futuro? Mi padre era un hombre sin estudios superiores, formado a sí mismo, que, gracias a su inteligencia natural y gran laboriosidad, logró tener su propia empresa. Cuando tenía 15 ó 16 años, mi abuelo lo llevó a un fabricante de Sitges para que lo admitiera como "meritorio" en las oficinas de la empresa. El empresario aceptó contratarle y le ofreció un duro al mes. Ante las quejas de mi abuelo por lo exiguo de la remuneración, el fabricante le hizo observar que "para poner a un joven al corriente de una casa de comercio, eres tú quien tendría que pagarme a mí". Ante tan convincente argumento, mi abuelo aceptó, mi padre se formó en aquella empresa, llegó luego a ser director general de otra y, finalmente, se estableció por su cuenta. He contado muchas veces esta anécdota, porque si, en aquella ocasión, un sindicato, so pretexto de defender los intereses de los trabajadores, se hubiera opuesto a aquel contrato, con un sueldo evidentemente por debajo de cualquier tabla salarial, mi padre no hubiera destacado como empresario y no hubiera podido dar carrera a sus hijos. De lo dicho se deduce que de mi padre aprendí el valor del trabajo, la tenacidad y la seriedad en los tratos. De mi madre, ampurdanesa, heredé las virtudes cristianas, que le ví practicar, en especial la fortaleza y la confianza en Dios en las adversidades, además del sentido común. Recuerdo una frase, que repito con frecuencia, y que me ha servido mucho: "el que se enfada tiene dos trabajos: enfadarse y desenfadarse". Estudié, efectivamente, el bachillerato como interno en los P.P. Jesuitas de Sarriá, entrando, por excepción, en 2º año, porque al Director le cayó bien que, ante sus negativas, mi padre le dijo que no se marcharía de allí hasta que me hubiera admitido. Fueron unos años azarosos: nos cogió la proclamación de la República, con las algaradas que nos obligaron a abandonar temporalmente el Colegio, nos cogió la expulsión de los Jesuitas que, tras otra interrupción en las clases, se resolvió porque los padres de los alumnos constituyeron unas Academias privadas en las que daban clase los propios jesuitas vestidos de paisano, cosa que hoy en día no serviría para despistar. Así, a trancas y barrancas, pero sin merma de la calidad de la enseñanza, examinándonos en el Instituto Público, sin que nadie perdiera curso, terminé el bachillerato, a los 15 años, en el año 1934. El método educativo de que disfruté se basaba en la emulación y la excelencia. Había notas semanales que el Director leía delante de todos los alumnos con los comentarios que le parecían oportunos. Había un escalafón de mérito en cada asignatura y cada uno de nosotros -cito este detalle porque me parece que define las bases del sistema- podía "desafiar" a cualquiera que se hallara por delante de él, para arrebatarle el puesto, sometiéndose ambos a mutuas preguntas y respuestas. Si el que había solicitado el desafío salía victorioso, se procedía al intercambio de puestos en el escalafón. Al final de cada trimestre, tenía lugar la Proclamación de Dignidades, acto en el que, con asistencia de los padres de los alumnos, se premiaba la aplicación y rendimiento con el otorgamiento de distinciones honoríficas. Como ve, se trata de un método totalmente distinto del que, lamentablemente, a mi juicio, impera al día de hoy en la enseñanza secundaria, en la que, so pretexto de no "traumatizar" al alumno o afectar a su dignidad, ni se corrige, ni se estimula, ni se premia. Estimo que se trata de un inmenso error, fruto de la manía igualitaria, cuyos resultados en los bachilleres de hoy están a la vista. Ninguno de nosotros resultó traumatizado a consecuencia de la emulación y la competición por la excelencia. Aparte de lo que aprendimos, nuestras voluntades resultaron fortalecidas para la lucha ante la vida. Creo sinceramente que aquella educación fue la base para, con otras benéficas influencias posteriores, afrontar satisfactoriamente, con más o menos éxito, las sucesivas etapas de formación y desempeño de actividades. 2.- ¿Cómo es su vida diaria, sus aficiones y sus inquietudes, esa faceta interna de Rafael Termes que casi nadie conoce? Mi vida diaria es sencilla. Me levanto temprano y me acuesto, por lo general, temprano. Procuro realizar bien mi trabajo, el que sea, ya que a lo largo de mi dilatada vida mis ocupaciones han cambiado, aunque más en la materia que en la sustancia. Gracias al Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus, a quien Dios quiso que conociera hace más de sesenta años, pienso que el trabajo es instrumento de santificación propia y de servicio a los demás. Si bien, por mi edad, soy oficialmente pensionista, no me considero jubilado: tengo el día lleno de actividad y me faltan horas para llegar a todo lo que me propongo hacer u otros me piden que haga. Soy hombre de periódicos más que de televisión que, a diario, no veo. Leo bastante y aparte de los temas profesionales y de todo lo relacionado con la verdad del hombre, me gusta más la historia que la novela. El deporte como espectáculo no me interesa; sí el teatro y el buen cine. 3.- Entre sus principales aficiones se encuentra el montañismo, ¿con qué rutas ha disfrutado más? ¿Cuáles son sus mejores recuerdos en relación a esta faceta? Efectivamente, el montañismo es mi afición y, aunque mientras viví en Cataluña lo practiqué, mi verdadera pasión por la montaña se desarrolló hace 35 años cuando me instalé en Madrid. Puede decirse que, desde entonces, la proximidad de la bellísima Sierra de Guadarrama ha hecho que salga a ella prácticamente todos los fines de semana, en marchas que empiezan a las nueve y terminan a las cinco. Claro que Picos de Europa, enclavados entre Asturias, León y Cantabria; la Sierra de Ancares, Lugo; Sierra Nevada en Granada; Gredos, con sus maravillosas lagunas y gargantas, entre Avila y Cáceres; Tenerife, que tiene el honor de poseer la cumbre más alta de España: el Teide; y, sobre todo, los Pirineos, navarros, aragoneses y catalanes, han sido objetivos, con relativamente menor frecuencia, de mis salidas al monte. La montaña me gusta hacerla pausadamente porque para mí no es objeto de competición sino de contemplación. Los montes son el más espléndido templo, donde se descubre la omnipotencia, la belleza y la bondad de Dios, al tiempo que uno cae en la cuenta de su pequeñez. Con frecuencia la gente que coincide conmigo cuando voy subiendo un pico se extraña de que a mis 82 años lo siga haciendo. Yo les digo que no es mérito mío sino cosa de Dios que me da la fuerza; yo lo único que hago es utilizarla mientras El quiera. Y sigo ascendiendo, aunque, naturalmente, a menos ritmo que cuando tenía 60 ó 40 años. Tengo muy buenos recuerdos de mis marchas montañeras. Me gusta la travesía, con ascensión a la cumbre o sin ella. Esporádicamente, gracias a muy expertos compañeros de cordada, he practicado la escalada; las últimas no hace más que un par de años. Si tuviera que dar tan sólo seis nombres de cumbres de las que guardo más gratos recuerdos citaría: la Pica d'Estats, el Naranjo de Bulnes, el Posets, el Midi d'Ossau, el Vignemale y la Grande Fache. También disfruté mucho abriendo, a fuerza de recorrerla innumerables veces, la senda que lleva mi nombre en La Pedriza de Manzanares. 4.- Cuando estudió la carrera de Ingeniero Industrial, ¿sentía ya alguna inquietud o podía imaginar que su vida profesional se centraría en el mundo financiero y empresarial? Al acabar el Bachillerato mis inclinaciones iban más bien por las carreras humanistas, de letras; pero accedí a la sugerencia de mi padre que quería que hiciera una carrera "difícil" y que, pensaba él, iba a serme más útil. Pero ya en sexto año me sentí atraído por los estudios de organización y dirección de empresas. De hecho, nunca fui ingeniero de taller. La entrada en el mundo de la banca fue casual y coincidió con el inicio de mi dedicación a las finanzas, a raíz de la creación del IESE. 5.- Rafael Termes lleva más de 40 años inmerso en el mundo de la educación, habiendo sido fundador del prestigioso Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) y Director de su Centro en Madrid hasta hace pocos meses. Actualmente es Presidente de Honor de dicho Centro, y la labor que desde su creación nunca abandonó es la de Profesor de Finanzas. A lo largo de estos años, ¿cómo han ido evolucionando las asignaturas de finanzas que se imparten en las aulas? La sofisticación e internacionalización de los mercados ¿se ha trasladado a la docencia de estas materias? ¿Existe hoy una mayor conexión con la práctica profesional? Efectivamente, a pesar de mi cometido como Consejero Delegado del Banco Popular, primero, y como Presidente de la AEB, después, nunca dejé de dar mis clases de Finanzas, tanto en programas de Perfeccionamiento para empresarios como en los programas Master. Todavía hoy sigo haciéndolo en enseñanzas no regladas. Ciertamente, las finanzas empresariales, desde que en 1958 empezamos el IESE, han evolucionado mucho en lo que se refiere a las técnicas y también a la internacionalización del ámbito empresarial. Pero la sustancia de lo que llamamos "los fundamentos" sigue siendo la misma y no puede cambiar. Lo cual no excluye que los avances de la tecnología hayan hecho variar algunos aspectos de la docencia para dar a conocer tanto estos avances como la globalización de las finanzas en forma científicamente correcta. La conexión entre teoría y práctica en el IESE ha existido siempre, ya que esta "escuela de negocios", que forma parte de la Universidad de Navarra, fue concebida para que tanto la investigación como la docencia se orientaran a configurar la práctica empresarial. 6.- En "El poder creador del riesgo" trata la elección que tiene que hacer el hombre entre la seguridad con mediocres resultados y el riesgo con su contrapartida de una mayor ganancia esperada. Estas elecciones de rentabilidad y riesgo ¿son en las vidas de las personas como en las finanzas? ¿En qué situación de rentabilidad-riesgo se encuentran los mercados financieros a nivel internacional? ¿Y la sociedad española? La tesis que sostengo en "El poder creador del riesgo" es aplicable no sólo a los aspectos económicos y financieros, sino a la vida entera de las personas. El hombre, en toda su actuación, es por naturaleza maximizador. Es decir, el hombre cuando tenga que elegir tenderá a preferir siempre aquello que le produce mayor satisfacción, utilidad o bienestar. Bien puede suceder que, por razones morales, ya sean de índole religiosa o simplemente éticas, haga lo contrario. Pero ello no obsta para concluir que el hombre actúa siempre para acrecentar la satisfacción personal, aunque a veces, sea la satisfacción moral de privarse de algo para contribuir directamente a la mejoría de la condición ajena. En este sentido, es lícito decir que el hombre es maximizador, porque tiende siempre a elegir aquella opción que le producirá mayor valor. Sin embargo, la observación de la realidad produce la impresión de que el hombre contemporáneo renuncia a niveles personales de mayor realización, tanto espirituales como materiales, por la aversión al riesgo que la búsqueda de estos logros entraña. Esa impresión, de ser cierta, llevaría a la conclusión de que el hombre ha dejado de anhelar el máximo posible, para convertirse en aspirante a la mediocre seguridad. Yo, empero, sigo creyendo que el hombre, tal como ha sido creado por Dios, tiende de manera innata al mayor bien, a la mayor satisfacción, a la mayor felicidad; el hombre es por naturaleza maximizador en todos los aspectos de su vida y no sólo en el económico. Si el hombre de nuestro tiempo busca el contrato, en donde se cambia beneficio por seguridad, y abandona la maximización, que implica riesgo, es porque fuerzas exteriores a él le han separado de su esencial manera de ser. La culpa, en concreto, la tiene el mal llamado Estado de Bienestar, no por la atención prestada a los pocos necesitados de apoyo, sino por haber pretendido extender su capa protectora al inmenso número de aquellos cuyas capacidades debían haber sido puestas a prueba, para que dieran los frutos de que eran capaces, y, en lugar de ello, han sido adormecidos por el exceso de seguridad, con cargo al presupuesto. 7.- En 1990 publicó "Del estatismo a la libertad. Perspectivas de los países del Este", donde trataba de forma especialmente clara el tema del desplome de los regímenes comunistas, así como "las dificultades que atravesarían estos países hasta llegar a un régimen de libertad y democracia al que se dirigen los países de Europa del Este". Diez años después, ¿cómo valora esta transición? ¿Hay alguna señal en estas sociedades que atisbe la salida del túnel? Diez años después de que apareciera "Del estatismo a la libertad" es fácilmente comprobable que se han materializado todas las desviaciones que, como entonces apuntaba, podían dificultar una verdadera transición desde el sistema marxista al sistema capitalista. Al día de hoy, en algunos de los países del Este la situación es peor de la que era bajo el régimen comunista. No es así, por ejemplo, en Polonia y en Chequia, pero lo es, singularmente, en Rusia. Y la causa de ello es que en Rusia no se ha implantado, ni de lejos, un sistema de economía de mercado. Lo que allí priva es un sistema corrupto dominado por las mafias que se han enriquecido vulnerando todos los principios morales, mientras los pobres ciudadanos añoran, con razón, la época anterior. Pero esto no es culpa del capitalismo, que no existe en Rusia; es culpa de que no se ha producido lo que hace diez años yo señalaba como necesidad ineludible para el cambio: la regeneración de los valores morales. Y mientras ésta no tenga lugar, las sociedades del Este afectadas, no por el capitalismo sino por la corrupción mercantilista, con el beneplácito, si no la inspiración, del poder, estas sociedades no saldrán del túnel. 8.- Como Presidente de la Asociación Española de Banca Privada (AEB) durante quince años y como Consejero Delegado del Banco Popular, nos podría resumir de excepción la profunda reforma bancaria que se ha dado en nuestro país entre 1970 y 1990, particularmente porque es innegable que con su vida y obra ha sido una pieza ejecutora de esta reforma. ¿Qué problemas tenía la banca española en los 70? ¿Cuáles ha resuelto mejor y qué puntos críticos le quedan pendientes? ¿En qué situación se encuentra la banca española a nivel internacional? A medio plazo, ¿continuará el proceso de concentración en España? ¿Y fuera de nuestras fronteras? ¿Es verdad que tenemos una de las bancas más eficientes del mundo? Es cierto que la Banca privada española de 1977, cuando se creó la AEB, era muy distinta de la que hoy tenemos. Aunque no es menos cierto que aquella Banca tampoco tenía nada que ver con el "statu quo" vigente desde la Ley de Ordenación Bancaria de 1946. El proceso modernizador empezó con la Ley de Bases de Ordenación del Crédito y de la Banca de 1962, con las subsiguientes liberalizaciones de 1971 y 1974, así como la de 1977, con ocasión del Pacto de la Moncloa, y fue relanzado, después del parón de 1978 a 1980, con la reforma de 1981. De forma que en 1982, al llegar el PSOE al poder, se encontró con un sistema que, sin ser el deseable en orden a la eficiencia, no se parecía en nada al estático y anquilosado que teníamos veinte años antes. El sector estaba saliendo del trauma que le habían producido las crisis de cerca de 30 bancos pequeños y medianos; crisis que habían comenzado con el caso del Banco de Navarra en 1978, siendo yo ya Presidente de la AEB. Después vinieron los casos Rumasa y Banca Catalana, en cuyas respectivas soluciones tuve que intervenir, y que se saldaron con una mayor reducción del número de bancos. Más tarde, a raíz del planteamiento del problema del tamaño, empezó el proceso de fusiones entre los grandes. Cuando en 1990 abandoné la Presidencia de la AEB se había consumado, en 1988, la del Bilbao con el Vizcaya, y estaba acordada la del Central con el Hispano, que se materializó en 1991. Todo lo que resumidamente acabo de evocar, está descrito extensamente en mis dos volúmenes "Desde la Banca. Tres décadas de vida económica española". |
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