ENTREVISTA
Revista de la Bolsa de Madrid, núm. 103
Noviembre 2001


1.- Sus padres, Rafael y Adelaida, ¿qué tipo de educación le transmitieron? ¿Qué recuerdos tiene de su Colegio de los PP. Jesuitas de Sarriá? ¿En qué aspectos le marcó más esta etapa para su futuro?

Mi padre era un hombre sin estudios superiores, formado a sí mismo, que, gracias a su inteligencia natural y gran laboriosidad, logró tener su propia empresa. Cuando tenía 15 ó 16 años, mi abuelo lo llevó a un fabricante de Sitges para que lo admitiera como "meritorio" en las oficinas de la empresa. El empresario aceptó contratarle y le ofreció un duro al mes. Ante las quejas de mi abuelo por lo exiguo de la remuneración, el fabricante le hizo observar que "para poner a un joven al corriente de una casa de comercio, eres tú quien tendría que pagarme a mí". Ante tan convincente argumento, mi abuelo aceptó, mi padre se formó en aquella empresa, llegó luego a ser director general de otra y, finalmente, se estableció por su cuenta. He contado muchas veces esta anécdota, porque si, en aquella ocasión, un sindicato, so pretexto de defender los intereses de los trabajadores, se hubiera opuesto a aquel contrato, con un sueldo evidentemente por debajo de cualquier tabla salarial, mi padre no hubiera destacado como empresario y no hubiera podido dar carrera a sus hijos.

De lo dicho se deduce que de mi padre aprendí el valor del trabajo, la tenacidad y la seriedad en los tratos. De mi madre, ampurdanesa, heredé las virtudes cristianas, que le ví practicar, en especial la fortaleza y la confianza en Dios en las adversidades, además del sentido común. Recuerdo una frase, que repito con frecuencia, y que me ha servido mucho: "el que se enfada tiene dos trabajos: enfadarse y desenfadarse".

Estudié, efectivamente, el bachillerato como interno en los P.P. Jesuitas de Sarriá, entrando, por excepción, en 2º año, porque al Director le cayó bien que, ante sus negativas, mi padre le dijo que no se marcharía de allí hasta que me hubiera admitido. Fueron unos años azarosos: nos cogió la proclamación de la República, con las algaradas que nos obligaron a abandonar temporalmente el Colegio, nos cogió la expulsión de los Jesuitas que, tras otra interrupción en las clases, se resolvió porque los padres de los alumnos constituyeron unas Academias privadas en las que daban clase los propios jesuitas vestidos de paisano, cosa que hoy en día no serviría para despistar. Así, a trancas y barrancas, pero sin merma de la calidad de la enseñanza, examinándonos en el Instituto Público, sin que nadie perdiera curso, terminé el bachillerato, a los 15 años, en el año 1934.

El método educativo de que disfruté se basaba en la emulación y la excelencia. Había notas semanales que el Director leía delante de todos los alumnos con los comentarios que le parecían oportunos. Había un escalafón de mérito en cada asignatura y cada uno de nosotros -cito este detalle porque me parece que define las bases del sistema- podía "desafiar" a cualquiera que se hallara por delante de él, para arrebatarle el puesto, sometiéndose ambos a mutuas preguntas y respuestas. Si el que había solicitado el desafío salía victorioso, se procedía al intercambio de puestos en el escalafón. Al final de cada trimestre, tenía lugar la Proclamación de Dignidades, acto en el que, con asistencia de los padres de los alumnos, se premiaba la aplicación y rendimiento con el otorgamiento de distinciones honoríficas. Como ve, se trata de un método totalmente distinto del que, lamentablemente, a mi juicio, impera al día de hoy en la enseñanza secundaria, en la que, so pretexto de no "traumatizar" al alumno o afectar a su dignidad, ni se corrige, ni se estimula, ni se premia. Estimo que se trata de un inmenso error, fruto de la manía igualitaria, cuyos resultados en los bachilleres de hoy están a la vista. Ninguno de nosotros resultó traumatizado a consecuencia de la emulación y la competición por la excelencia. Aparte de lo que aprendimos, nuestras voluntades resultaron fortalecidas para la lucha ante la vida. Creo sinceramente que aquella educación fue la base para, con otras benéficas influencias posteriores, afrontar satisfactoriamente, con más o menos éxito, las sucesivas etapas de formación y desempeño de actividades.

2.- ¿Cómo es su vida diaria, sus aficiones y sus inquietudes, esa faceta interna de Rafael Termes que casi nadie conoce?

Mi vida diaria es sencilla. Me levanto temprano y me acuesto, por lo general, temprano. Procuro realizar bien mi trabajo, el que sea, ya que a lo largo de mi dilatada vida mis ocupaciones han cambiado, aunque más en la materia que en la sustancia. Gracias al Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus, a quien Dios quiso que conociera hace más de sesenta años, pienso que el trabajo es instrumento de santificación propia y de servicio a los demás. Si bien, por mi edad, soy oficialmente pensionista, no me considero jubilado: tengo el día lleno de actividad y me faltan horas para llegar a todo lo que me propongo hacer u otros me piden que haga. Soy hombre de periódicos más que de televisión que, a diario, no veo. Leo bastante y aparte de los temas profesionales y de todo lo relacionado con la verdad del hombre, me gusta más la historia que la novela. El deporte como espectáculo no me interesa; sí el teatro y el buen cine.

3.- Entre sus principales aficiones se encuentra el montañismo, ¿con qué rutas ha disfrutado más? ¿Cuáles son sus mejores recuerdos en relación a esta faceta?

Efectivamente, el montañismo es mi afición y, aunque mientras viví en Cataluña lo practiqué, mi verdadera pasión por la montaña se desarrolló hace 35 años cuando me instalé en Madrid. Puede decirse que, desde entonces, la proximidad de la bellísima Sierra de Guadarrama ha hecho que salga a ella prácticamente todos los fines de semana, en marchas que empiezan a las nueve y terminan a las cinco. Claro que Picos de Europa, enclavados entre Asturias, León y Cantabria; la Sierra de Ancares, Lugo; Sierra Nevada en Granada; Gredos, con sus maravillosas lagunas y gargantas, entre Avila y Cáceres; Tenerife, que tiene el honor de poseer la cumbre más alta de España: el Teide; y, sobre todo, los Pirineos, navarros, aragoneses y catalanes, han sido objetivos, con relativamente menor frecuencia, de mis salidas al monte. La montaña me gusta hacerla pausadamente porque para mí no es objeto de competición sino de contemplación. Los montes son el más espléndido templo, donde se descubre la omnipotencia, la belleza y la bondad de Dios, al tiempo que uno cae en la cuenta de su pequeñez. Con frecuencia la gente que coincide conmigo cuando voy subiendo un pico se extraña de que a mis 82 años lo siga haciendo. Yo les digo que no es mérito mío sino cosa de Dios que me da la fuerza; yo lo único que hago es utilizarla mientras El quiera. Y sigo ascendiendo, aunque, naturalmente, a menos ritmo que cuando tenía 60 ó 40 años. Tengo muy buenos recuerdos de mis marchas montañeras. Me gusta la travesía, con ascensión a la cumbre o sin ella. Esporádicamente, gracias a muy expertos compañeros de cordada, he practicado la escalada; las últimas no hace más que un par de años. Si tuviera que dar tan sólo seis nombres de cumbres de las que guardo más gratos recuerdos citaría: la Pica d'Estats, el Naranjo de Bulnes, el Posets, el Midi d'Ossau, el Vignemale y la Grande Fache. También disfruté mucho abriendo, a fuerza de recorrerla innumerables veces, la senda que lleva mi nombre en La Pedriza de Manzanares.

4.- Cuando estudió la carrera de Ingeniero Industrial, ¿sentía ya alguna inquietud o podía imaginar que su vida profesional se centraría en el mundo financiero y empresarial?

Al acabar el Bachillerato mis inclinaciones iban más bien por las carreras humanistas, de letras; pero accedí a la sugerencia de mi padre que quería que hiciera una carrera "difícil" y que, pensaba él, iba a serme más útil. Pero ya en sexto año me sentí atraído por los estudios de organización y dirección de empresas. De hecho, nunca fui ingeniero de taller. La entrada en el mundo de la banca fue casual y coincidió con el inicio de mi dedicación a las finanzas, a raíz de la creación del IESE.

5.- Rafael Termes lleva más de 40 años inmerso en el mundo de la educación, habiendo sido fundador del prestigioso Instituto de Estudios Superiores de la Empresa (IESE) y Director de su Centro en Madrid hasta hace pocos meses. Actualmente es Presidente de Honor de dicho Centro, y la labor que desde su creación nunca abandonó es la de Profesor de Finanzas. A lo largo de estos años, ¿cómo han ido evolucionando las asignaturas de finanzas que se imparten en las aulas? La sofisticación e internacionalización de los mercados ¿se ha trasladado a la docencia de estas materias? ¿Existe hoy una mayor conexión con la práctica profesional?

Efectivamente, a pesar de mi cometido como Consejero Delegado del Banco Popular, primero, y como Presidente de la AEB, después, nunca dejé de dar mis clases de Finanzas, tanto en programas de Perfeccionamiento para empresarios como en los programas Master. Todavía hoy sigo haciéndolo en enseñanzas no regladas. Ciertamente, las finanzas empresariales, desde que en 1958 empezamos el IESE, han evolucionado mucho en lo que se refiere a las técnicas y también a la internacionalización del ámbito empresarial. Pero la sustancia de lo que llamamos "los fundamentos" sigue siendo la misma y no puede cambiar. Lo cual no excluye que los avances de la tecnología hayan hecho variar algunos aspectos de la docencia para dar a conocer tanto estos avances como la globalización de las finanzas en forma científicamente correcta. La conexión entre teoría y práctica en el IESE ha existido siempre, ya que esta "escuela de negocios", que forma parte de la Universidad de Navarra, fue concebida para que tanto la investigación como la docencia se orientaran a configurar la práctica empresarial.

6.- En "El poder creador del riesgo" trata la elección que tiene que hacer el hombre entre la seguridad con mediocres resultados y el riesgo con su contrapartida de una mayor ganancia esperada. Estas elecciones de rentabilidad y riesgo ¿son en las vidas de las personas como en las finanzas? ¿En qué situación de rentabilidad-riesgo se encuentran los mercados financieros a nivel internacional? ¿Y la sociedad española?

La tesis que sostengo en "El poder creador del riesgo" es aplicable no sólo a los aspectos económicos y financieros, sino a la vida entera de las personas. El hombre, en toda su actuación, es por naturaleza maximizador. Es decir, el hombre cuando tenga que elegir tenderá a preferir siempre aquello que le produce mayor satisfacción, utilidad o bienestar. Bien puede suceder que, por razones morales, ya sean de índole religiosa o simplemente éticas, haga lo contrario. Pero ello no obsta para concluir que el hombre actúa siempre para acrecentar la satisfacción personal, aunque a veces, sea la satisfacción moral de privarse de algo para contribuir directamente a la mejoría de la condición ajena. En este sentido, es lícito decir que el hombre es maximizador, porque tiende siempre a elegir aquella opción que le producirá mayor valor.

Sin embargo, la observación de la realidad produce la impresión de que el hombre contemporáneo renuncia a niveles personales de mayor realización, tanto espirituales como materiales, por la aversión al riesgo que la búsqueda de estos logros entraña. Esa impresión, de ser cierta, llevaría a la conclusión de que el hombre ha dejado de anhelar el máximo posible, para convertirse en aspirante a la mediocre seguridad. Yo, empero, sigo creyendo que el hombre, tal como ha sido creado por Dios, tiende de manera innata al mayor bien, a la mayor satisfacción, a la mayor felicidad; el hombre es por naturaleza maximizador en todos los aspectos de su vida y no sólo en el económico. Si el hombre de nuestro tiempo busca el contrato, en donde se cambia beneficio por seguridad, y abandona la maximización, que implica riesgo, es porque fuerzas exteriores a él le han separado de su esencial manera de ser. La culpa, en concreto, la tiene el mal llamado Estado de Bienestar, no por la atención prestada a los pocos necesitados de apoyo, sino por haber pretendido extender su capa protectora al inmenso número de aquellos cuyas capacidades debían haber sido puestas a prueba, para que dieran los frutos de que eran capaces, y, en lugar de ello, han sido adormecidos por el exceso de seguridad, con cargo al presupuesto.

7.- En 1990 publicó "Del estatismo a la libertad. Perspectivas de los países del Este", donde trataba de forma especialmente clara el tema del desplome de los regímenes comunistas, así como "las dificultades que atravesarían estos países hasta llegar a un régimen de libertad y democracia al que se dirigen los países de Europa del Este". Diez años después, ¿cómo valora esta transición? ¿Hay alguna señal en estas sociedades que atisbe la salida del túnel?

Diez años después de que apareciera "Del estatismo a la libertad" es fácilmente comprobable que se han materializado todas las desviaciones que, como entonces apuntaba, podían dificultar una verdadera transición desde el sistema marxista al sistema capitalista. Al día de hoy, en algunos de los países del Este la situación es peor de la que era bajo el régimen comunista. No es así, por ejemplo, en Polonia y en Chequia, pero lo es, singularmente, en Rusia. Y la causa de ello es que en Rusia no se ha implantado, ni de lejos, un sistema de economía de mercado. Lo que allí priva es un sistema corrupto dominado por las mafias que se han enriquecido vulnerando todos los principios morales, mientras los pobres ciudadanos añoran, con razón, la época anterior. Pero esto no es culpa del capitalismo, que no existe en Rusia; es culpa de que no se ha producido lo que hace diez años yo señalaba como necesidad ineludible para el cambio: la regeneración de los valores morales. Y mientras ésta no tenga lugar, las sociedades del Este afectadas, no por el capitalismo sino por la corrupción mercantilista, con el beneplácito, si no la inspiración, del poder, estas sociedades no saldrán del túnel.

8.- Como Presidente de la Asociación Española de Banca Privada (AEB) durante quince años y como Consejero Delegado del Banco Popular, nos podría resumir de excepción la profunda reforma bancaria que se ha dado en nuestro país entre 1970 y 1990, particularmente porque es innegable que con su vida y obra ha sido una pieza ejecutora de esta reforma. ¿Qué problemas tenía la banca española en los 70? ¿Cuáles ha resuelto mejor y qué puntos críticos le quedan pendientes? ¿En qué situación se encuentra la banca española a nivel internacional? A medio plazo, ¿continuará el proceso de concentración en España? ¿Y fuera de nuestras fronteras? ¿Es verdad que tenemos una de las bancas más eficientes del mundo?

Es cierto que la Banca privada española de 1977, cuando se creó la AEB, era muy distinta de la que hoy tenemos. Aunque no es menos cierto que aquella Banca tampoco tenía nada que ver con el "statu quo" vigente desde la Ley de Ordenación Bancaria de 1946. El proceso modernizador empezó con la Ley de Bases de Ordenación del Crédito y de la Banca de 1962, con las subsiguientes liberalizaciones de 1971 y 1974, así como la de 1977, con ocasión del Pacto de la Moncloa, y fue relanzado, después del parón de 1978 a 1980, con la reforma de 1981. De forma que en 1982, al llegar el PSOE al poder, se encontró con un sistema que, sin ser el deseable en orden a la eficiencia, no se parecía en nada al estático y anquilosado que teníamos veinte años antes. El sector estaba saliendo del trauma que le habían producido las crisis de cerca de 30 bancos pequeños y medianos; crisis que habían comenzado con el caso del Banco de Navarra en 1978, siendo yo ya Presidente de la AEB. Después vinieron los casos Rumasa y Banca Catalana, en cuyas respectivas soluciones tuve que intervenir, y que se saldaron con una mayor reducción del número de bancos. Más tarde, a raíz del planteamiento del problema del tamaño, empezó el proceso de fusiones entre los grandes. Cuando en 1990 abandoné la Presidencia de la AEB se había consumado, en 1988, la del Bilbao con el Vizcaya, y estaba acordada la del Central con el Hispano, que se materializó en 1991. Todo lo que resumidamente acabo de evocar, está descrito extensamente en mis dos volúmenes "Desde la Banca. Tres décadas de vida económica española".

Después apareció la crisis de Banesto y su solución, así como la unificación del Crédito Oficial en Argentaria y su posterior privatización. Los últimos fenómenos de concentración bancaria han sido las dos fusiones a consecuencia de las cuales los "grandes", que eran siete cuando se creó la AEB, han quedado reducidos a cuatro. Este solo hecho es ya exponente del gran cambio habido, pero el proceso de concentración financiera se ha manifestado también en las restantes entidades de crédito -cajas de ahorro y cooperativas de crédito- así como en los que hoy se llaman establecimientos financieros de crédito. Así, los bancos operantes en España que llegaron a ser 170 en 1995, hoy son sólo 141; las cajas que eran 82 en 1981, han quedado reducidas a 48; las cooperativas han pasado de 150 a 92; y de los establecimientos financieros, que fueron 373 en 1988, hoy no quedan más de 86.

¿Esta concentración del sistema crediticio español ha corrido pareja con la mejora de la sanidad, la eficiencia y la rentabilidad de las instituciones? En cuanto a lo primero, y por lo que respecta a la banca, no me cabe duda. La banca española puede presumir de ser una de las más sanas del mundo, gracias a que la supervisión del Banco de España ha sido muy exigente tanto en lo que se refiere a la capitalización de los compromisos por complementos de pensiones, como en lo relativo a la provisión de deudores morosos. En eficiencia, es decir, en la relación entre gasto y producto, aunque hay algún banco español que destaca por su alta eficiencia, la media de nuestros grandes bancos está en la línea de los grandes bancos de los países de la Unión Europea. En rentabilidad sobre recursos totales, lo que en terminología anglosajona llamamos ROA, los grandes bancos españoles superan sensiblemente la media europea. En cambio, en rentabilidad sobre recursos propios, la llamada ROE, nuestros grandes bancos, aun presentando cifras muy satisfactorias, están unos dos puntos por debajo de la media de los grandes de la UE, excuida Grecia, a consecuencia de que nuestra capitalización, o coeficiente de solvencia, está casi dos puntos por encima de la media de los principales bancos europeos. Es decir, nuestra banca cambia algo menos de rentabilidad por mayor solvencia.

9.- En 1965 promueve la creación del Instituto Español de Analistas Financieros (IEAF), del que actualmente es Presidente de Honor. Igualmente ha sido Presidente de la Federación Europea de Analistas Financieros en París. ¿Qué características diferenciales -si existen- tiene la práctica profesional del análisis financiero en nuestro país? ¿En qué nivel situaría a nuestros profesionales en relación con la media europea? ¿Qué nos diferencia del profesional de las finanzas norteamericano que vemos en las películas?

Los analistas financieros españoles no tienen nada que envidiar a los de otros países. De hecho, el nacimiento de nuestro Instituto en 1965, como Vd. ha recordado, tuvo lugar con ocasión del Congreso de Inversión Mobiliaria organizado por los Agentes de Cambio y Bolsa de Barcelona, y se produjo de la mano de los analistas franceses, ingleses y alemanes que acudieron a aquel evento, con los que trabamos buena amistad y bajo cuyo patrocinio entramos en la Federación Europea de Analistas Financieros. Desde entonces, el Instituto se ha preocupado de proporcionar a nuestros analistas una formación equiparable a la de nuestros colegas del resto del mundo. Actualmente el IEAF imparte un Diploma Internacional de Analista Financiero, ajustado a las más estrictas normas del ejercicio de la profesión, tanto en Europa como en EE.UU.

10.- Durante más de trece años su nombre ha estado ligado a la CEOE, perteneciendo al Comité Ejecutivo desde su fundación. ¿Qué conflictos recuerda como los más duros que le tocaron lidiar? ¿Cuáles fueron sus principales aportaciones en esta etapa? ¿Qué enseñanza le ha aportado a su vida esta experiencia?

Efectivamente, estuve en los inicios de la CEOE, que nació como resultado de la fusión de los distintos movimientos empresariales que aparecieron con el advenimiento de la democracia. Pertenecí, mientras fui Presidente de la AEB, a la Junta Directiva y al Comité Ejecutivo de la Confederación resultante. Recuerdo que mi principal preocupación, puertas adentro de la CEOE, era que los colegas de los sectores industriales y comerciales entendieran que los intereses que percibía la banca, entonces muy elevados, como elevada era la inflación, no eran un capricho de los bancos ni el resultado de un oligopolio, sino consecuencia de la política monetaria que, precisamente para combatir la inflación, acertadamente practicaba el Banco de España. En mis relaciones hacia fuera, con el Gobierno y los Sindicatos, aunque éstas tenían lugar en el ámbito de la AEB, aprendí lo que se aprende al dialogar, aunque siempre tuve, y mantengo, la opinión de que el objeto del diálogo no es llegar a un "consenso", sin verdadero contenido, sino sostener un intercambio racional de opiniones, defendiendo las propias convicciones, sin ceder en lo que no se puede ceder; aunque respetando a las personas que tienen opiniones contrarias e intentando descubrir lo bueno que siempre hay, aún en aquellas posturas que estimamos erróneas.

11.- Como persona de profundas creencias religiosas y defensor a ultranza del liberalismo económico le habrán hecho ya muchas veces esta pregunta. ¿Desde un punto de vista de la moral y la ética personal sigue siendo defendible un sistema capitalista puro, sin la mano de un Estado que tenga un papel redistributivo de la riqueza o al menos que garantice la igualdad de oportunidades y acceso a la cultura?

Efectivamente, esta es una pregunta que he tenido que contestar muchas veces, para exponer mi profunda convicción de que no existe contradicción alguna entre el capitalismo bien entendido y la doctrina de la Iglesia que, salvado el respeto debido a la dignidad de las personas, deja a cada cual la libre elección del sistema que estime más apto para llegar al bien común, es decir, al bien integral de toda persona y de todas las personas. Y yo siempre he pensado y sigo pensando que este sistema es el de economía de mercado, basado en la propiedad privada incluso de los bienes de producción; que utiliza el mecanismo de los precios para la mejor asignación de los recursos; y en el que todas las personas libremente responsables de su futuro, deciden las actividades qu desean emprender, asumiendo el riesgo del fracaso a cambio de la expectativa de poder disfrutar del beneficio si éste se produce. Este modelo funciona y produce los mejores resultados económicos y morales, siempre que el sistema propiamente económico se desarrolle en un entorno constituido por un sistema ético-cultural, basado en la verdad del hombre, y esté enmarcado por un sistema político-jurisdiccional que respete y proteja la libertad de todos los ciudadanos iguales ante la Ley. En este modelo el Estado debe ciertamente intervenir, pero no para redistribuir la riqueza en busca de una igualdad que no sólo no es necesaria, sino perjudicial para la actividad creadora de trabajo, riqueza y bienestar. El papel del Estado debe ser meramente subsidiario para el logro de aquellos fines que el mercado no alcanza y sea necesario alcanzar; concretamente, para resolver los problemas de aquellos que no son capaces de resolverlos por ellos mismos dentro del mercado.

12.- Como profundo conocedor de las causas del paro como el mal endémico de la economía española, en su libro "Las causas del paro" lo describe como una manifestación o un síntoma de los desequilibrios internos y exernos que desde hace años nos acompañan. Independientemente de lo que nos indiquen las cifras ¿cómo siente el pulso de estos desequilibrios en la actualidad? ¿Y de cara al futuro?

La causa del paro es, en última instancia, la falta de libertad. Los países con más libertad en todos los mercados, incluido el del trabajo, tienen menos paro y, salvo el paro friccional, de corta duración, tienen de hecho pleno empleo. Esta entrevista me parece que va siendo ya demasiado larga y no debo extenderme más. Pero, en síntesis, mi opinión es que en España el modelo de protección de empleo y de subsidio al desempleo son contraproducentes; en vez de crear empleo lo destruyen, y en vez de incentivar la busca de empleo perpetúan el paro. Por lo tanto, contra paro, liberalización.

13.- En 1996 un numeroso grupo de empresarios españoles le encargaron el "Libro Blanco sobre el papel del Estado en la economía española" preocupados no sólo por aspectos de nuestra economía, sino también por cuestiones morales y políticas del momento. En aquellos momentos expresaba cómo la mayoría de los problemas del país tenían su causa en el intervencionismo estatal y el creciente protagonismo de los sucesivos Gobiernos. ¿Cómo ha evolucionado la economía y la sociedad española desde entonces? ¿Cree que se ha aligerado de alguna forma el papel del Estado en los últimos años?

Cuando acepté dirigir el estudio que un grupo de profesores y expertos elaboraron sobre el Papel del Estado en la Economía, ya sabía que cuando las conclusiones del mismo llegaran a manos de los políticos, aun aceptaran la bondad de las mismas y la conveniencia de poner en práctica nuestras recomendaciones, la reacción sería que, de momento, era "políticamente imposible" implantarlas. De hecho, esto es lo que textualmente dijeron todos los representantes del Gobierno del PP que amablemente acudieron a participar en unas sesiones que organicé en el IESE para analizar cada uno de los capítulos del Libro Blanco. Por esto no me extraña que, si bien desde 1996 ha tenido lugar un proceso de privatización parcial del sector público, con alguna reducción de su peso en el PIB, el sistema económico español está lejos de responder al modelo liberal. Este modelo defiende, en efecto, que las funciones propias del Estado de Derecho, pequeño pero fuerte, son, exclusivamente, las relaciones con el exerior; la defensa del territorio patrio; el orden público y la seguridad ciudadana; el establecimiento del marco legal para la pacífica convivencia; y la administración de justicia en las relaciones de los ciudadanos entre sí y de ellos con el poder público, iguales todos ante la Ley. Todo lo demás, exceptuada la función subsidiaria a la que ya me referí, excede de las funciones propias del Estado. Y a suprimir, encauzándolo hacia el sector privado, todo lo que hoy el Estado hace y no debería hacer, iban encaminadas las recomendaciones del Libro Blanco. A fin de salir al paso de las previsibles resistencias para aceptar nuestro planteamiento, redactamos un epílogo en el que, tras denunciar las falsas razones de la "imposibilidad", dábamos una serie de reglas estratégicas para hacer aceptar a los ciudadanos, cuyos votos temen perder, la bondad de las reformas liberales. Estas reglas siguen siendo válidas al día de hoy.


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