LA LIBERTAD AL SERVICIO DE SOLUCIONES SOLIDARIAS
La empresa privada y la sociedad
Intervención en las Jornadas del Voluntariado promovidas por Cooperación Social y el Patronato de Torreciudad
El Grado y Barbastro (Huesca)
29 y 30 de abril de 2000

No puedo, señoras y señores, empezar mi intervención sin antes expresar mi agradecimiento por haber sido invitado a participar en estas "Jornadas de voluntariado" y así zambullirme en un ambiente tan grato como reconfortante para todos los que pertenecen al mundo del voluntariado.

Con este estado de ánimo, comenzaré diciendo que me parece evidente que la solidaridad, como la verdad, no se puede imponer. La solidaridad es una virtud y, como toda virtud, reiteración de actos buenos, es fruto de la libertad. Sólo los actos humanos, es decir, racionales y libres, son actos voluntarios y, como tales, calificables desde el punto de vista moral. Esto está patente en el título de la primera ponencia del día de ayer, "El voluntariado como expresión eminente de la libertad", como sin duda pondría de relieve su autor, el Dr. Alejandro Llano, a cuya exposición no tuve el gusto de poder asistir. Hasta tal punto la solidaridad debe ser voluntaria que cuando hablamos de "voluntariado" nos estamos implícitamente refiriendo a aquellas decisiones libres, no impuestas, que tienen por objeto la solidaridad, es decir, la adhesión a la causa o empresa de otros. En el bien entendido de que no se trata de una adhesión meramente sentimental, afectiva, sino efectiva y manifestada en obras de servicio, con esfuerzo o sacrificio personal, sea en dinero, sea en entrega de tiempo y afecto.

De aquí que, a falta de esta última condición, siempre me ha parecido que las actuaciones pretendidamente sociales del Estado, organizadas burocráticamente y con cargo al presupuesto, financiado con impuestos coactivos, pueden ser cualquier cosa, pero no merecen, de verdad, el calificativo de solidarias. La solidaridad verdadera es la solidaridad ejercitada voluntariamente por las personas individuales, obrando aisladamente o unidas con otras, en forma de empresa o en forma de asociación, ambas de carácter privado.

En la línea de lo apuntado por el profesor Martín López en la última ponencia de ayer, pienso que estas acciones solidarias no deberían solamente dirigirse a paliar las carencias de todo orden que vemos a nuestro alrededor y que nos mueven a la cooperación social, sino que además y, tal vez, principalmente, deberían encaminarse a modificar las causas perversas que producen tan lamentables efectos.

Pienso, por ejemplo, que los problemas de los países más pobres entre los pobres no se resolverán con ayudas monetarias y ni siquiera con el perdón de la deuda que les oprime. La solución está en modificar tanto la estructura de gobiernos corruptos y oligarquías que imperan en estos países, como la hipocresía de los países ricos que, escudándose en razones de incumplimiento, por los países subdesarrollados, de las normas sobre trabajo infantil y demás reglamentaciones laborales, ponen barreras a las exportaciones de los países pobres, para de hecho eludir su competencia y, con esto, los perpetúan en la miseria que luego, para justificarse, harán como que la remedian con dádivas en dinero o alimentos.

Sin embargo, como decía el doctor Martín López, esta acción sobre las causas es extremadamente difícil por ser "políticamente incorrecta" y, de momento, parece que sólo nos queda el recurso a la denuncia de los verdaderos males, en toda oportunidad que se nos presente, cosa que, aprovechando la que hoy se me brinda, he querido hacer.

* * *

Tras lo cual, viniendo a lo que el título del panel llama "soluciones solidarias a la luz de la libertad", quisiera aportar, como contribución a esta mesa redonda, tres ejemplos de experiencias vividas. El primer ejemplo se refiere a una empresa y los otros dos son debidos a sendas asociaciones de personas.

La empresa es aquella a la que he pertenecido siempre: el Banco Popular Español. Este banco, desde hace muchos años, decidió que la participación en beneficios que estatutariamente corresponde al Consejo de Administración fuera renunciada por aquellos que, aceptando esta condición, entran a formar parte del Consejo, a fin de que la cantidad renunciada se aporte a las Fundaciones de carácter benéfico-docente que el banco administra, para atender a necesidades individuales o colectivas, tanto en España como en el extranjero. Del destino de estas ayudas, de carácter eminentemente solidario, las Fundaciones dan cuenta anual a sus Protectorados.

Cuando, en alguna ocasión, he informado de esta modalidad a bancos de inversión o a otras instituciones de inversión colectiva, la reacción ha sido de asombro y, desde luego, muy positiva, al ver que el banco no hace obras de solidaridad con el dinero de sus accionistas, cosa que, dentro de ciertos límites, tampoco sería reprobable, sino con el dinero que legítimamente pertenece a los administradores, los cuales, voluntariamente, lo ceden para ayudar a otras personas.

Paso ahora al ejemplo de las Asociaciones, la primera de las cuales no es otra que SECOT. SECOT, acrónimo de Seniors Españoles para la Cooperación Técnica, es una asociación sin ánimo de lucro declarada de utilidad pública, nacida en 1989 gracias a una iniciativa gestada en años anteriores y promovida por el Círculo de Empresarios, a la que se sumaron el Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación de España y Acción Social Empresarial. Su actividad está patrocinada por los treinta Socios Fundadores, todos ellos personas físicas, y por 25 destacadas empresas españolas, los Socios Protectores, que junto a los Socios Adheridos y Colaboradores constituyen el soporte básico para que los Socios activos de pleno derecho, los Seniors, desarrollen los objetivos de la asociación.

El propósito primordial para el que fue creada SECOT es resolver no el problema económico, cuya solución discurre por otros cauces, sino el problema psicológico que puede afectar a las personas que, llegadas a una determinada edad, deben jubilarse o, por razones de eficiencia, son invitados a prejubilarse, quedando, en ambos casos, sin actividad concreta, a pesar de que, en la mayoría de los casos, son enormemente capaces de seguir teniéndola. A tal fin, SECOT invita a estas personas a tomar la decisión, altruista, de poner al servicio de la sociedad, sin compensación económica alguna, su enorme caudal de conocimientos y experiencia profesional, acumulados a lo largo de su dilatada carrera, en forma de asesoría técnica y asistencia de gestión, para la creación, consolidación y auge de pequeñas y medianas empresas; para facilitar la inserción de jóvenes en el mundo empresarial; y para la realización de proyectos de desarrollo de comarcas deprimidas, tanto españolas como de otros países.

De esta forma SECOT logra, al mismo tiempo, dos cosas, a cual mejor. Por un lado, cooperar el fomento del empleo y al crecimiento económico y social; y, por otro lado, de acuerdo con su objetivo fundacional, evitar que los mayores, una vez que cesa la exigencia de dedicarse a su ocupación habitual, caigan en el vacío y, desaparecida de golpe la rutina del horario laboral, las horas del día se les hagan largas y tediosas, sobre todo si el ambiente familiar, lejos de ampararlas, hace nacer en ellas el sentimiento de la inutilidad. En vez de ello, el Senior de SECOT puede sentirse muy feliz, al haber encontrado la manera de continuar realizándose personalmente en tareas que proporcionan la doble satisfacción de mantenerse profesionalmente al día, actualizando los conocimientos, y de prestar a la sociedad un servicio de primera categoría y, en muchos casos, de carácter internacional. Ambas cosas, estoy seguro, han de dar un profundo sentido a sus vidas, elevando su nivel de autoestima y de utilidad social.

Al día de hoy, los Seniors de SECOT son 726, proceden de los más diversos sectores de actividad y están organizados en 20 delegaciones provinciales, amén de aquellos que, por razón de su dispersión, dependen de la llamada Delegación a distancia. El 60 por ciento de los Seniors de SECOT son activos, es decir, realizan trabajos de asesoría, tanto en España como en el extranjero. En 1999, para atender a jóvenes emprendedores, Pymes, ONG’s y otras entidades, los Seniors de SECOT han realizado 1.000 asesorías, además de muchas más consultas breves sobre temas concretos.

Pero las iniciativas voluntarias no es preciso que adopten formas organizativas de gran volumen, como es el caso de SECOT; pueden ser de menos envergadura, pero no por ello menos útiles. Como botón de muestra, aportaré el caso de un Ingeniero Industrial de Tarragona, compañero mío de curso, quien en el momento en que se jubiló, con un grupo de seis amigos que se hallaban en la misma situación, crearon la "Asociación cultural de la gente mayor de Tarragona" y, de acuerdo con el Rector de la Delegación en Tarragona de la Universidad de Barcelona, establecieron las "Aulas de extensión universitaria para la gente mayor". Cuando empezaron, hace dieciséis años, tuvieron 30 alumnos; hoy, para el curso 1999-2000, tienen 350 alumnos en Tarragona, 150 en Reus, 100 en El Vendrell, y están en plan de prueba en Valls y Vilaseca. Y no tienen más alumnos porque no caben en las aulas que están en trámites para ampliar.

Me parece una magnífica confirmación del potencial creativo de la iniciativa privada, que ha propiciado, en muchas comunidades autónomas, la aparición de Universidades de la tercera Edad, y que, en el caso que estoy relatando, no acaba en las aulas físicas. Desde hace dos años, mi amigo de Tarragona tiene en Internet una página web llamada "Jubilonautas", dedicada a los mayores, con una sección, "Jubiloaulas", en la que pueden verse clases dictadas por profesores de Universidad y otras personas que facilitan textos interesantes sobre diversas materias.

* * *

Para terminar quisiera traer a colación las conclusiones del Foundation Center de los Estados Unidos, comentados en un editorial reciente de The Wall Street Journal. La bonanza económica, señala el editorial, puede explicar que las donaciones aumentaran un 22% en 1998, último año con datos. Pero las entidades sin fin de lucro registran otro notable incremento que no depende directamente del dinero; el de los voluntarios, que en los últimos veinte años se han multiplicado por dos.

¿Supone esto que las entidades no lucrativas están desplazando al sector público ante la incapacidad de la Administración? En opinión del citado diario, la fuerte expansión del sector no lucrativo es una manifestación de la forma americana de asumir la responsabilidad de la comunidad. En apoyo de esta tesis, el editorial cita al experto en management Peter Drucker, para quien el crecimiento del tercer sector anuncia una nueva política social, basada en reconocer que el voluntariado es "la vanguardia con que cuenta el país para atacar los problemas sociales".

Cerca de 1,2 millones de organizaciones no lucrativas trabajan en Estados Unidos. Algunas, según el Wall Street Journal, superan en activos a muchas multinacionales. Otras apenas cuentan con recursos. Pero todas, según el diario, "hacen su trabajo mejor que los correspondientes organismos estatales y todas cuentan con el espíritu del voluntariado americano, que no tiene parangón". Pienso que lo mismo puede decirse de España y de tantos otros países europeos, donde las ONG’s con fines verdaderamente sociales -que también las hay con propósitos detestables- trabajan denodadamente.

En todo este panorama, sigue diciendo el Wall Street Journal, tienen especial relevancia las organizaciones de raíz religiosa. Lo cual es una muestra de sentido común. En efecto: "¿Quién tiene más probabilidades de sacar a un chico de la marginalidad: la escuela pública o las escuelas parroquiales del Cardenal O’Connor? ¿Quién puede ayudar mejor a los nuevos inmigrantes rusos para que aprendan inglés: el ayuntamiento o la Sociedad de Ayuda a los Inmigrantes Hebreos?". Sin embargo, como señala el Foundation Center, las principales fundaciones -dependientes de empresas o grandes fortunas- sólo dedican el 2% de sus donaciones a organizaciones religiosas, mientras que los particulares destinan el 44% de sus donativos a entidades de carácter religioso. Un dato que hace pensar sobre quién confía en quién cuando se trata de solidaridad.

Concluye el editorial: "Las fundaciones privadas nunca podrán resolver todos los problemas de país. Pero la comparación entre los logros del Estado y los de las organizaciones sin fin de lucro muestra que la transferencia de funciones sociales del sector público al no lucrativo debería ser fomentada, no simplemente tolerada".

Este es también mi sentir. Es más, aunque sea un inciso que se aparta del tema específico de estas Jornadas, estoy plenamente convencido de que la materialización y pervivencia de los objetivos buscados por el Estado de Bienestar, sólo se lograrán mediante la privatización de sus prestaciones, aunque la financiación de las mismas pueda seguir siendo, en parte, pública.


Página principal   ·   Página anterior


© 2000 - Rafael Termes