LOS FONDOS DE COHESIÓN Y LA COMPETITIVIDAD
Gaceta de los Negocios del 16 de junio de 1998


Juergen B. Donges, catedrático de Política Económica y uno de los cinco miembros del consejo de asesores económicos del Canciller Kohl, bien conocido en España, en su último paso por Madrid, ha apoyado la propuesta de eliminar las ayudas del Fondo de Cohesión a los países que, como España, integrarán el espacio regido por el Euro.

Las razones en contra y a favor de los Fondos de Cohesión

Los argumentos esgrimidos por el experto alemán a mí me parecen razonables y concluyentes. Dice, en primer lugar, que los países que han logrado aprobar el examen de ingreso en la primera ronda de los países que formarán la UEM no necesitan seguir recibiendo los fondos que se crearon precisamente para ayudar a llegar a la UEM, añadiendo que, si un país que ha alcanzado la convergencia dice que necesita seguir disfrutando de la ayuda del fondo, el país en cuestión "no está tan preparado como debería".

En segundo lugar, es cierto que la ampliación hacia el Este de la Unión Europea supondrá que los países a admitir requerirán el empleo a su favor de los Fondos de Cohesión, con más razón que la invocada por los que ya están dentro. Esto creará un importante problema presupuestario al conjunto de la UE, cuya solución o bien exigirá el aumento de las aportaciones, con la consiguiente tensión entre los mayores contribuyentes y el resto, lo cual supondría un obstáculo a la buena marcha de la Unión, o bien supondrá la redistribución de los fondos disponibles.

La postura expuesta por el catedrático de Colonia, que, de hecho, es la postura del Gobierno alemán, provoca el rechazo no sólo del Gobierno español sino de algunos observadores y formadores de opinión, los cuales dicen que la tormenta contra los Fondos de Cohesión obliga a insistir en la necesidad de que se mantengan. Las razones aportadas son de doble naturaleza. Por un lado, la exigencia derivada del Tratado de Roma y, de otro lado, que el ingreso en la zona euro no significa que España haya alcanzado los niveles medios de renta en la UE, ya que el PIB per cápita español es del orden del 77% de la media comunitaria.

El retraso español en convergencia real

Lo último es muy cierto y equivale a reconocer que la convergencia nominal alcanzada por nuestro país, no equivale a haber alcanzado la convergencia real con los restantes miembros de la Unión. Pero éste es un problema viejo; de hecho, después de bajadas y subidas, al día de hoy, nuestro PIB per cápita, en comparación con la media de la UE, no ha recuperado el nivel que tenía en el año 1975. Nivel que empezamos a perder, a mi juicio, por las erróneas políticas utilizadas para salir de las crisis petroleras de los setenta, y que no hemos recuperado por culpa del excesivo intervencionismo estatal en la economía y por la "protección" a que ha estado sometido nuestro aparato productivo.

Y esto es lo que puede continuar sucediendo ahora, en orden a la competitividad dentro de la UME, si los Fondos de Cohesión siguen "protegiéndonos" contra la competencia. A mi entender, la creatividad empresarial, único instrumento generador de riqueza, empleo y bienestar, para que se desarrolle y dé sus frutos, no debe abrigarse dentro de un invernadero, sino que debe someterse al saludable aire puro de la libre competencia. Solamente así, obligados por la necesidad, la inversión en investigación y desarrollo, en nuevas tecnologías, en innovación, en formación de las personas y en equipo, hará que mejore nuestra competitividad y que, gracias a ello, nuestro crecimiento sea superior al de nuestros socios en la UE y nuestro PIB per cápita relativo aumente. Porque es cierto que, desde 1975 o desde 1985, hemos mejorado mucho, pero los demás no han estado parados; de aquí nuestro retraso comparativo.

La supresión de los Fondos estímulo para la reforma estructural española

Es comprensible que los políticos reclamen el mantenimiento de los Fondos de Cohesión, porque sin ellos, la caída de los ingresos obligará a esfuerzos adicionales para cumplir el Plan de Estabilidad y Crecimiento dentro de la UME. Es comprensible, pero no es razonable, porque estos esfuerzos adicionales, es decir, las reformas estructurales pendientes, la liberalización de todos los mercados de bienes, servicios y factores de producción, y la reducción del gasto social a cargo del Presupuesto, para pasar del Estado de Bienestar a la Sociedad de Bienestar, estos esfuerzos, a los que nos ayudaría la supresión de los Fondos de Cohesión, son precisamente los que con urgencia necesitamos. Por esto, a pesar de que mi personal opinión puede resultar escandalosa, o sonar como voz en el desierto, estando, como estoy, en contra de toda subvención y protección para el mal entendido fomento de la producción nacional, no tengo más remedio que reclamar, por coherencia intelectual, la desaparición de los Fondos de Cohesión, con un calendario, naturalmente, de transición, para que los países puedan adaptarse, lo antes posible, a las nuevas condiciones.


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