Rafael Termes, mitad profesor, mitad banquero, habla como si fuera libre. Nadie sabe muy bien a qué atribuir la fortaleza física y la frescura intelectual del hombre que pastoreó a la banca española, durante los trece años más críticos de su historia, y que abandonó la AEB cuando los banqueros, como los indios, caminaban hacia la reserva. Don Rafael acaba de cumplir los 78 años y mantiene intacta su pasión de montañero y su dedicación a la cruzada liberal. Fue él quien representó a la banca a favor de la democracia, en la manifestación de condena del frustrado golpe de Estado de 23-F, y quien predicó sin desmayo el pensamiento liberal en el coto privado del proteccionismo bancario español. Sus recomendaciones de fondo y sus respuestas rápidas, afiladas por la experiencia y por la astucia, cobran un especial significado de cara al 98: "La banca está declarando buenos beneficios, pero no es oro todo lo que reluce. En mi opinión hay que analizar bien el balance de cada banco o grupo bancario, porque 'la banca' no existe; hay 'bancos'. Y unos son distintos de otros. Hay que separar lo que corresponde a la actividad propiamente bancaria de lo que son otras cosas". ¿Vive, otra vez, la banca a costa del Estado? "Ni hablar. Que un tercio de los beneficios de algunos bancos proceda de operaciones con la deuda pública no es normal, es algo extraordinario, que puede cambiar de signo, como ya sucedió; pero esto no significa que la banca viva de ingresos procedentes del Estado. Los beneficios de que estamos hablando los ha producido el mercado a consecuencia de la bajada de los tipos de interés". ¿Existe el riesgo de que el Gobierno, empujado por la necesidad imperiosa de reducir el déficit, copie a la señora Thatcher y establezca un impuesto extraordinario sobre los beneficios bancarios que han crecido un 18 por ciento hasta septiembre? "No lo creo. Lo que hizo Margaret Thatcher, al gravar los beneficios de la banca en el Reino Unido, fue uno de los pocos errores que esta señora cometió". ¿Por qué tardan tanto las entidades financieras en trasladar a los clientes los recortes que hace el Banco de España en el tipo de interés? "La banca no se hace la remolona a la hora de repercutir las rebajas en el precio oficial del dinero. Es falso, ya que eso sólo sería posible si los bancos estuvieran conchabados y, precisamente ahora, la competencia entre ellos es tan feroz que les obliga a reaccionar rápidamente". Así defiende el ex presidente de la Asociación Española de Banca a sus antiguos patronos a los que dejó "en el momento oportuno". "Acerté al marcharme, a pesar de las insistencias en que me quedara algún tiempo más; en primer lugar, porque 13 años ya eran bastantes y, sobre todo, porque después han ocurrido cosas que no me hubieran gustado y ante las cuales probablemente habría tenido que dimitir". ¿Podemos decir que han pasado a la historia las crisis bancarias, tal como las conocimos en España, o pueden volver a repetirse? "En banca nunca puede decirse que la crisis es irrepetible. Es bueno que quiebre todo aquel que tenga que quebrar. Eso lo tengo muy claro, ya que es la única manera de proteger a los clientes, a los accionistas y a la sociedad de los temerarios y de los que se saltan la ética en los negocios. Tenemos, como siempre, los mismos riesgos de insolvencia, de plazos y de tipos de cambio, y algunos bancos, que retrasan su ajuste, deberían mirar mejor su índice de eficiencia, es decir, la relación entre sus gastos de explotación y sus ingresos. En algunos grandes bancos la relación de gastos sobre ingresos llega al 80 por ciento. En el Popular tenemos un buen índice de eficiencia: el 48 por ciento. Y no porque nuestros costes sean pequeños, en proporción al total del Balance, sino gracias a la productividad del gasto". ¿Hay razones para la alarma? "Siempre hay que estar en guardia pero, en estos momentos, no hay razones especiales para la alarma. Se está reduciendo el porcentaje de morosos. Claro que no sólo se debe a la mejor gestión de la banca sino a que la economía marcha algo mejor. Hay una relación inversa, muy evidente, entre el Producto Interior Bruto y el índice de morosos. Cuando crece el PIB, bajan los morosos. Y al revés". ¿Obliga la caída del margen de intermediación y de los tipos de interés a buscar otras inversiones más rentables? "Es verdad que los márgenes han caído forzados por la competencia que es muy fuerte; y esto es bueno para los clientes de la banca. Hay una gran lucha por el pasivo en todas sus modalidades, pero también se busca la ampliación del negocio hacia otros campos que, en general, podemos llamar de prestación de servicios. Aquí el éxito radica en anticiparse, descubriendo cuáles son los servicios bancarios o parabancarios que realmente interesan a la gente. En cuanto a la influencia de la caída de los tipos de interés en la cuenta de resultado, se ha extendido una idea equivocada. Muchos piensan que la caída de tipos es mala para la banca y que la subida de tipos es buena y eso no es verdad. Depende, en cada circunstancia, de la flexibilidad que el banco tenga para adaptarse a las variaciones en el precio del dinero. Lo importante no es el tipo básico de interés sino la capacidad del banco para mantener el diferencial entre los tipos que se cobran por los créditos y los que se pagan por los depósitos; es decir, lograr que las sinusoides de tipos activos y pasivos se mantengan paralelas, equidistantes, a lo largo del tiempo". En sus tiempos de patrón de bancos y banqueros, Rafael Termes fue notario de excepción del final del "statu quo" (coto privado de banca) y de las comidas oligopolísticas de los 7 grandes, presididas primero por José María Aguirre Gonzalo, de Banesto, y luego por Alfonso Escámez, del Central Hispano. ¿Qué terremoto ha sacudido a la banca para pasar, en tan pocos años, del oligopolio de los 7 grandes al duopolio de los dos Emilios (Ybarra y Botín)? "No estoy seguro de que alguna vez haya existido ese oligopolio, pero, hoy, de duopolio nada.Todo lo contrario, ya que los dos mayores grupos bancarios, el BBV y el Santander, están muy enfrentados y eso es bueno. La competencia es sana". ¿Y en cuanto al tamaño? "Este es un tema controvertido. Yo, particularmente, nunca he pensado que el tamaño sea un objetivo, 'per se'. Se puede ser grande y débil y se puede ser pequeño y fuerte. Sin embargo, es cierto que la preocupación por crecer ha primado. Algunos lo han hecho mediante fusiones, lo que ha dado lugar a una cierta concentración; otros lo han hecho mediante la política de precios; y no ha faltado quien ha mezclado las dos estrategias". Y de cara a la integración en la Unión Económica y Monetaria en el 98, ¿habrá más fusiones? "No se puede decir si vamos a tener más o menos fusiones por la entrada de España en la Unión Económica y Monetaria. Pero lo que sí es cierto es que, después del 98, cambiarán las condiciones y este cambio puede hacer pensar a algunos que, para estar en un mercado más globalizado, es preciso ser grande. Y pueden aspirar a este mayor tamaño mediante fusiones o absorciones". ¿Usted que aconsejaría? "Es difícil aconsejar en esta clase de materias. Cada casa debe tener clara su estrategia que, desde luego, no consiste en hacer lo que hacen los otros. Eso ocurre mucho. Se miran de reojo y se copian unos a otros. Cuando alguno de los grandes hace un movimiento para allá, casi todos le siguen y van para allá. Son modas. Se lanza uno a la expansión por América Latina y todos a América Latina. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con la banca telefónica o con otros mercados emergentes. Se imitan unos a otros. En mi opinión, cada uno debe tener bien definido su objetivo y elegir los medios, que pueden ser distintos, para alcanzarlo. Para mí, el objetivo de un grupo bancario, como el de cualquier otra empresa, dentro del respeto a las exigencias de la ética en relación con todas las personas de la empresa y de fuera de ella, es intentar mejorar al máximo posible el patrimonio de sus accionistas, a través del servicio que, como empresa, se presta a la sociedad. Y esto se puede hacer siendo grande, mediano o pequeño. Hay quien ha sacrificado la rentabilidad en aras del crecimiento, aduciendo que con la mayor talla se recuperará con creces la rentabilidad perdida. La verdad es que pocas veces, por no decir ninguna, he visto materializada esta afirmación. Pero, en fin, así es. Unos prefieren crecer y adquirir tamaño para competir en un mercado indiferenciado, mientras otros buscan nichos de especialización, y tanto unos como otros pueden hacer un buen trabajo para sus accionistas. En el Popular, por ejemplo, tenemos nuestra especial manera de ver las cosas. No es que no queramos crecer, pero pensamos que nuestro crecimiento pasa por la expansión de una clientela fidelizada a la que prestamos un completo paquete de servicios. No es que no interesen los mercados exteriores, pero pensamos que los atendemos mejor mediante la red de 4.200 oficinas virtuales, extendidas por todo el mundo, gracias a nuestros acuerdos con diversos bancos extranjeros". ¿Está contento con un Gobierno que recoge en su programa bastantes medidas de carácter liberal? "El programa del partido en el Gobierno no estaba mal. Lo malo es que cuando se ha encontrado en el Gobierno, es decir, en situación de llevar a cabo su programa, ha empezado a pensar que no era 'políticamente posible' hacerlo. Simplemente porque se ha encontrado con ciertas resistencias, frente a las cuales ha primado la alegada intención de mantener la paz social. Con el propósito, no sé si acertado o no, de asegurarse los votos de los electores, el Gobierno hace lo contrario de lo que anunció y eso, en mi opinión, le desgasta. No creo que así logre votos de la izquierda y es posible que los pierda por la derecha. El Gobierno abusa de la política de tanteo. Anuncia y, a la menor reacción, hace marcha atrás: en las privatizaciones, en el problema del carbón de Hunosa, en acabar o no con el PER, en el pacto de pensiones con los sindicatos, etc. Para mí, hay dos clases de políticos: los de demanda y los de oferta. Los de demanda hacen lo que piensan que demandan los votantes y de esta forma no hay manera de cambiar nada; todo sigue igual. Los políticos de oferta anuncian lo que hay que hacer para que las cosas mejoren, se esfuerzan en explicar al país por qué es así, plantean las etapas para llegar al objetivo y las desarrollan pase lo que pase. Por el momento, los políticos del actual Gobierno me parecen ser políticos de demanda; aunque es verdad que no tienen ellos solos la mayoría necesaria para hacer lo que tal vez desearían. Sin embargo, no puedo dejar de decir que el consenso, que tanto parecen apreciar, es tan contrario a la democracia, como el cartel lo es al mercado". ¿Más mercado o más Estado? "Mi posición siempre ha sido muy clara: para mejorar el bienestar social hay que reducir el tamaño del Estado. Es necesario que los ciudadanos sean más responsables de sus pensiones, de su protección sanitaria, de su educación, etc. y que no lo esperen todo del Estado. El Estado de Derecho, además de la función subsidiaria para atender a aquellos, pero sólo a aquellos que no son capaces de valerse por sí mismos, tiene encomendadas como funciones propias las relaciones exteriores, la defensa, el orden público y la justicia; funciones que cumple bastante mal y en cambio se mete a hacer lo que no debe en el mundo de la empresa, de la sanidad, de la educación etc."
¿Están nuestros empresarios preparados para el reto del 98? "Como director del IESE (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa) estoy en contacto con muchos empresarios y les veo muy ocupados en su formación para hacer frente a los retos de la Unión Europea. Son conscientes de la necesidad de reciclarse continuamente mediante programas de alta dirección, en vistas a la eficiencia y al posicionamiento estratégico. Les preocupa también la imagen que el empresario tiene en España, una visión negativa que desanima las vocaciones empresariales. Esa visión está muy influida por la cultura de demonizar a los emprendedores, que son los que crean riqueza, empleo y bienestar para todos, y a los que se ataca atribuyéndoles un interés egoísta. Costará mucho desarraigar esa cultura en generaciones que han nacido y crecido bajo la protección estatal. Convencidos de que el Estado debe arreglarlo todo, la gente minusvalora el papel fundamental del empresario. Debemos romper este círculo vicioso, debemos 'privatizar las mentes' para salir adelante". |
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